martes, 21 de mayo de 2013

La India, un místico desencanto. Parte I. HYDERABAD.

Aún recuerdo cuando me dijeron que iría a un congreso en la India. En realidad, nunca fue uno de los países situados en mi lista de países a visitar pero, esta era una oportunidad que no podía dejar escapar, entre otras cosas porque tenía que dar una charla en el famoso congreso.
Como nunca fue un sitio al que planease ir, tampoco fue uno de esos sitios por los que me interesé en saber la opinión de la gente que había ido. La mayoría hablaba maravillas de Nueva Delhi y del Taj Mahal, el resto de lugares parecían no existir.
Bueno, si la gente hablaba bien de estos sitios no debía de estar tan mal. No sólo hablaban maravillas de estos sitios sino que, además, nadie había tenido ningún problema para moverse por allí (más tarde comprobé que todo era debido a que estas personas hicieron su viaje a la India con un guía).

Primer destino: Hyderabad (ciudad situada en la mitad sur de la India y, como se puede comprobar si se mira un mapa, en medio de nada).
El congreso era allí e iba a durar una semana. Durante esta semana de congreso había programadas distintas excursiones para conocer la ciudad así que, no parecía que fuese a ser una mala semana.

El contraste cuando vienes de Europa al llegar a un país como la India es bastante fuerte. Hyderabad, aunque poca gente la conozca es una gran urbe con muchísimo tráfico y, por lo tanto muy ruidosa (una de las características en la India es conducir haciendo sonar el claxon constantemente).
Al llegar a Hyderabad me empecé a dar cuenta que, La India y yo no nos íbamos a llevar muy bien.

1. Wellcome to Hyderabad.
La ciudad nos recibió con manifestaciones violentas. Así que, cerraron la entrada al hotel y, lo único que iba a ser posible ver ese día era lo que sucedía en la calle.

Antidisturbios en la puerta del hotel. Rato más tarde de tomar esta foto, comenzó una pequeña trifulca entre policía y manifestantes. 

El congreso se celebraría en otro hotel distinto a donde yo me alojaba. Esa misma noche, mi jefe me invitó a cenar con él y otros científicos en el mismo hotel en donde se celebraría el congreso. La única forma de salir era mediante taxi así que, intenté pedir uno. En el hotel había un señor que se encargaba exclusivamente de eso así que, me acerqué a él. Muy amablemente me invitó a sentarme. Bueno, quizás no fue tan amablemente. A los pocos segundos me di cuenta de que me había hecho sentar para poder atender a toda la fila de hombres que, inicialmente, estaban detrás de mi pero que, aparentemente tenían prioridad a una mujer a la hora de solicitar un taxi. Cada vez que intentaba parar este continuo reguero de hombres colándose para pedir un taxi, el señor encargado me mandaba callarme y sentarme. Bueno, ya podía imaginarme lo que era ser mujer en este país.
Cuando conseguí pedir mi taxi, llegó mi segundo problema, siempre debido a lo mismo, ¡era mujer!. El taxista se negó a llevarme: "era peligroso llevar a una mujer y, encima europea". 

2. El segundo día, antes del comienzo del congreso, decidí ir andando hasta el hotel donde estaba mi jefe para encontrarme allí con él y otros científicos. 
Hyderabad tiene un lago gigante, llamado Hussain Sagar, con un Buda en la mitad que, cuando lo miras de lejos es realmente impresionante.

Vista del Buda gigante situado en el Hussain Sagar

No obstante, la India es un país de contrastes, como he dicho antes. Y, ciertamente, es un gran contraste encontrarte saliendo de un hotel de 5 estrellas (como en el que se celebro el congreso), con todo tipo de lujos y, nada más salir ver a la gente tirada en la calle, durmiendo en la basura, muriéndose se hambre. 

Imágenes como estas las encontré en el paseo que los organizadores del congreso nos recomendaron seguir si nos moviamos por los alrededores. Otras zonas no eran "recomendables" para los turistas porque "hay mucha gente pobre y no son buenos para los turistas". ¡Impresionante justificación!

Pelea por una rata muerta
Como siempre, gana el más fuerte
Este pequeño rebaño de cabrás estaban pastando justo en una zona de casas de laminas de hierro y madera al lado del hotel donde se celebró el congreso
Esta era la zona de alimentación para las cabras
Esto era lo que se veía cuando te acercabas a la orilla del Hussain Sagar también llamado Love Lake of the World
En realidad, a estas alturas (dos días después de haber llegado) ya sabía que la India no era un país para mi. No obstante esto no dejaba de ser una ciudad en la mitad de la India así que, en el fondo tenía la esperanza de que en mi siguiente semana recorriendo otros rincones del país mi percepción cambiase.

La verdad es que, no guardo muy buen recuerdo de la ciudad de Hyderabad. Ni siquiera la organización del congreso se ganó mis alabanzas. Y, es que, el tema de lo de ser mujer se iba haciendo más duro por momentos. Cuando preguntabas algo, nunca te respondían directamente, siempre respondían al hombre que estuviese a tu lado, si es que lo había, sino... quizás ni te respondían. Durante el congreso y, en la misma sala de conferencias, me robaron mi cámara (justamente con la tarjeta en la que había sacado las fotos de los monumentos de la ciudad, dejando, muy amablemente, todas las fotos anteriores de las ratas y otras lindezas para que, pudiese enseñar los "encantos" de la ciudad). Al principio, mi educación al estilo europeo, no me dejó entender cómo podían robar en un hotel de 5 estrellas de 120 euros/noche y, que no me hubiesen robado en la calle. Luego entiendes que, la gente que trabaja en estos hoteles, ganan si acaso, lo suficiente para vivir y para estar agradecido al dueño de la cadena hotelera el placer de que les exploten. Así que, nunca viene mal algún objeto fácil de robar a algún cliente del hotel para sacar un extra vendiendo lo que han robado y, acceder a estos objetos en la calle no es tan fácil, en un hotel de 5 estrellas el turista se relaja.

Al final, todo queda en anécdota pero, mi estancia en Hyderabad fue realmente dura. Es una experiencia que es difícil de contar, es complicado reproducir con palabras lo que uno siente cuando no puede moverse "libremente" por ser mujer; es difícil contar lo que piensas cuando intentan que contrates un guía para que no salgas a la calle solo y así controlar que no veas algunas realidades sociales "permitidas" en países como la India.

Algunas anécdotas fueron hasta "graciosas". Estaba yo sentada en la recepción del hotel (única zona con acceso a internet) cuando sentí un golpe en mi pie. Al mirar, vi una rata (tamaño chiguagua pero que se notaba que no pasaba hambre) que estaba cruzando la zona de la recepción. Nadie se movió, nadie dijo nada, es algo normal convivir con estos animales en un país como la India. Tampoco es raro compartir tu espacio con las cucarachas (aunque esta vez se había metido en mi bolsa de baño así que, la experiencia no fue tan "curiosa" como la de la rata).
Las ratas forman parte de la fauna más abundante de las ciudades  indias

Como he dicho antes, la India nunca fue un país que me resultase atractivo así que, quizás yo no sea la mejor voz para animar a nadie a que vaya. De todos modos, para ser justos además de toda mi percepción de aquel país y, más concretamente de Hyderabad, aquí os dejo algunas fotos que se salvaron de ser robadas.









lunes, 17 de diciembre de 2012

Camino de las Navidades a ritmos caribeños

Parece que se acercan las Navidades. Yo nunca he sido amante de estas fiestas pero, desde que hace más de 7 años, hice la maleta para irme de mi ciudad a recorrer el mundo buscando descubrir los misterios de la Ciencia, a partir de mediados de Diciembre empiezo a sentirme como un niño esperando sus vacaciones y, a los Reyes Magos, a Papá Noël o al Olentzero, según las preferencias de cada uno. Sigo sin ser muy amante de las Navidades pero, no dejan de ser dos semanas de vuelta a casa. Reencuentro con la familia, con los amigos... vuelta a ese pueblo, tres veces más pequeño que la Ciudad Universitaire de París en donde vivo. 
Es en esta época cuando te da por pensar y recordar. Y, el otro día, quizás añorando un rayito de sol entre las nubes grises de París, recordé mi primer viaje al "extranjero" (es decir, fuera de Francia) de mi post-doc, del 2 al 12 de Diciembre del 2011.  

Todo comenzó el día que mi amigo a la vez que compañero de post-doc Fede vino a hablarme sobre un congreso en un sitio llamado Aruba. Me podía haber dicho Aruba o cualquier otro nombre porque, de inicio no lo ubiqué en el mapa hasta que nombró la palabra Caribe. Aruba es una isla de las Antillas Holandesas situada a 25 km de la Península de Parguaná (Venezuela). Hasta entonces, yo nunca me había sentido muy atraída por ninguna isla del Caribe o, al menos, no para irme de vacaciones a uno de esos complejos hoteleros con todo tipo de lujos y distracciones pero, esta vez, la Ciencia me iba a dar la oportunidad de probar algo desconocido para mi.


Decidimos hacer un viaje de dos semanas. Una semana de congreso y, una semana para conocer la isla. Obviamente, la semana del congreso nos alojaríamos en el mega-hotelazo donde se organizaba el congreso, situado, obviamente, en la parte más "turística" de la isla. La situación a nuestra llegada fue, cuando menos, curiosa. Fuimos Fede, Gus, Rober y yo al congreso y, si algo era evidente es que, teníamos poca experiencia en alojarnos en sitios de estos. Las maletas las dejabas en la recepción y cuando llegabas a tu habitación, allí estaban. Ibas a la piscina y, un señor te venía a dar una toalla. Tenías sed o hambre y, podías beber y comer sin restricción alguna... De hecho, para no sentirnos culpables de disfrutar bien los desayunos, las comidas, las cenas, los "coffe-break" del congreso, etc, todas las mañanas antes de desayunar íbamos al gimnasio del hotel. El caso es que, con tanto lujo, siempre había un momento de duda en el que nos mirábamos entre nosotros y, nos preguntábamos: "¿estamos seguros de que todo esto es gratis?"






Obviamente, no todo fue una vida de lujo. Tuvimos que aguantar las charlas del congreso y, fue mérito teniendo en cuenta lo que nos rodeaba y, sobre todo que, una vez más, las plantas fueron las grandes olvidadas en este congreso de "Chromatin: Structure and Function". Y, por otro lado, tampoco puedo mostraros fotos porque, para la protección de datos científicos, estaba prohibido hacer fotos dentro de las salas donde se celebraba el congreso. 
La cena de gala del congreso fue en la  playa. Porque, por supuesto, el hotel tenía entrada directa a la playa. 





Pero, el congreso acabó y, nosotros nos fuimos a la parte de la isla donde más a gusto nos sentíamos. A la parte más caribeña. Mucho más salvaje, sin grandes lujos y, a 15 minutos andando y cruzando carreteras sin semáforos para poder llegar a la playa. 





Nos alojamos en unos apartamentos en donde todo el turismo que había era de zonas próximas. Comprábamos en un supermercado como los de barrio de toda la vida en España. En el recinto de los apartamentos, había una gatita, que bautizamos con el nombre de Garfelina. Era una gata linda, acostumbrada a tener contacto humano, salvo con Rober con quién no estableció ningún tipo de amistad (aunque creo que el sentimiento era recíproco). Pensábamos que, a pesar de todo era una gata callejera y, estuvimos dándole comida y leche todos los días. Pero, resulto que no era una gata callejera sino, una gata aprovechada. Había sido adoptada por la familia que gestionaba los apartamentos y, como a todo el mundo le gustaba la gata, todo el mundo le daba de comer (además de la comida que sus dueños le proporcionaban). 




También vivimos un episodio de tormenta caribeña y, comprobamos que, existe la lluvia de ranas.



La sección española de la expedición además confirmó que a pesar de los kilómetros, nuestro carácter es similar al centro-sudamericano. Lo comprobamos el día en que unas madres habían ido a pasar unos días de descanso con sus hijos al mismo recinto de apartamentos que nosotros. Además de mosquitos que, parecían adorar la sangre española, había lagartos por todas partes. Un día, estábamos en la piscina y, los niños empezaron a acorralar a un pobre lagarto. El lagarto intentó escapar de los niños psicópatas, con tan mala suerte que, intentó pasar por uno de los agujeros de la verja por el cual no cabía y, se quedó atascado. Nadie pareció estar muy preocupados pero, algunos, somos biólogos por vocación así que, allí estuvimos utilizando nuestro ingenio para intentar liberar al lagarto sin ser atacados por él. Finalmente, todo quedó en un susto y, el lagarto pudo huir a un sitio sin niños psicópatas, nosotros no sufrimos las consecuencias de intentar salvar un lagarto cabreado y, por supuesto, los niños no recibieron ningún tipo de reprimenda ni castigo por parte de sus madres. 


Si bien, Aruba no es una isla muy grande, tiene zonas salvajes que, merece la pena visitar. Eso sí, cualquier idilio puede venirse abajo. Y, eso fue lo que nos pasó a nosotros cuando fuimos a la otra punta de la isla para llegar hasta una de las playas más bonitas que nos dijeron que había. La playa era impresionante, con un agua totalmente cristalina, colores turquesas, etc, etc pero, dependiendo de la dirección en qué mirases, las maravillosas vistas se veían interrumpidas por una petrolera estadounidense. Aún así, mereció la pena. 






Y, os preguntaréis que qué idioma hablan en Aruba. Pues, si bien tienen su propia lengua, todo el mundo habla español. En mi caso, pude practicar ruso porque, cuando estábamos en esta playa tan idílica con su petrolera de fondo, un ruso se nos acercó y nos empezó a habar en ruso, como si fuese lo más normal del mundo que le fuésemos a entender. Menos mal que mi amiga Marta, me ha preparado bien para defenderme en dicha lengua eslava, la pena es que, siempre que me surge la ocasión, ella nunca está para sentirse orgullosa de mi. Pero, esto es como nuestra asistencia a las conferencias del congreso en Aruba, la único que se puede hacer es, confiar en mi palabra.




Sin duda y, a falta de unos meses para que acabe mi etapa de post-doc Marie Curie, creo que, este será casi seguro "EL CONGRESO". Por el viaje, por la semana después del congreso y, sobre todo, por la compañía. No todo el mundo puede decir que se fue dos semanas al Caribe acompañada de tres mozos muy guapos y simpáticos o, como me han enseñado Fede y Gus a decir, con dos POTROS RE-COPADOS (dicho con acento argentino, claro). 



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Memorias para no olvidar "nunca mais"


13 de Noviembre del 2002. Han pasado 10 años. Ese año estaba en mi tercer curso de la Licenciatura en Biología. Por aquel entonces, estaba lejos de imaginar que algún día llegaría a ser Científico.
No recuerdo qué hice ese día. Probablemente fue un día  normal.  Pero, a veces, los días más normales se marcan en el calendario y éste, para bien o para mal, quedó marcado en la memoria de mucha gente y, en esta ocasión, más intensamente en la costa del norte de España. El 13 de Noviembre del 2002, el petrolero Prestige se hundía a menos de 300 km de la costa gallega dejando escapar toneladas de fuel que formarían una marea negra. Un negro que ya advertía que sería la muerte de miles de individuos de distintas especies y de una costa que necesitará años para volver a recobrar su pureza (La costa "recuperada" diez años después (Por Ricardo Rodríguez. Fuente: Cadena Ser).

Durante semanas este hecho marcó los titulares de la prensa y de los telediarios (Los días clave de la catástrofe (Fuente: El País). Mientras los políticos peleaban entre ellos para decidir quién era el culpable (Los hombres del Prestige. Por Mariola Lourido. Fuente: Cadena Ser y Los políticos clave. Por Xosé Hermida. Fuente: El País) la costa norte española se iba hundiendo en ese fuel llamado chapapote. Y, mientras, a pie de calle, los pescadores lloraban por su costa, probablemente la costa que les vio crecer, a ellos y a sus generaciones pasadas. Quizás fue el grito de las costas muriendo por la llamada marea negra, o quizás fue las lágrimas de los pescadores pidiendo ayuda para salvarlas lo que provocó una movilización de gran parte de la sociedad, una marea blanca que declararía la guerra al chapapote (Los voluntarios del Prestige, vivir por y para el chapapote. Por Ana Martínez Concejo. Fuente: Cadena Ser).

Recuerdo que todos los días veía en la televisión las costas cubiertas por un manto negro, pájaros cubiertos de chapapote y al borde de la muerte, una marea blanca de gente que, tras horas de batalla para intentar limpiar el chapapote, acababan salpicados de petróleo (Los días más negros de Galicia. Por María Romero. Fuente: Cadena Ser). También recuerdo que, distintas asociaciones de la Universidad de Salamanca vinieron a mi facultad a pedir voluntarios. Ninguna mano limpia para ayudar a la lucha sobraba. Fue así como decidí que ese año pasaría el final de mis vacaciones de Navidad en la costa gallega, recogiendo esa basura negra que, de buen gusto hubiese enviado a los políticos de la Monclóa como “regalo” del día de Reyes por su “buen” hacer.

Diez años después aún recuerdo cuando me subí a ese autobús rumbo a Carnota. Era el 1 de Enero del 2003 y, así empecé mi año. En un autobús lleno de gente desconocida con la que compartiría una semana. Todos diferentes pero unidos por una causa. Llegamos por la tarde a nuestro destino. Nos alojamos en las casas de gente que, de forma gratuita las habían cedido para los voluntarios. Allí me rodee de los que, por unos días, serían mis compañeros de lucha: un abogado, una estudiante de primer año de Biología, una enfermera, una psicopedagoga, un ingeniero de obras públicas y, un artista del vidrio serían mi núcleo más próximo. Nunca olvidaré el compañerismo, la amabilidad y el esfuerzo de la gente de aquel pueblecito de pescadores por hacernos sentir como en casa, esa gente que se volcó para darnos todo tan sólo porque nosotros pusimos nuestras manos.
Y, desgraciadamente, tampoco olvidaré la arena de la playa cubierta por una alfombra negra, el chapapote incrustado en los poros de las rocas, esas medusas intoxicadas por el fuel, los pájaros que moribundos intentaban escapar de la marea negra, ese delfín muerto por asfixia a causa del chapapote que obstruyó su ocelo… El olor a petróleo, la sensación cuando el chapapote se iba acumulando en el traje y en los guantes, su viscosidad, su color…Esa sensación de impotencia cuando al final de la jornada mirabas el mar que amenazaba con traer, ola tras ola, ese veneno negro; esas ganas de llorar cuando, al día siguiente, había que partir de cero porque el chapapote había aprovechado la noche para ganarnos un día más la batalla.


Diez años después, hay cosas que se siguen hundiendo. Una vez más, los políticos parecen no mirar en la misma dirección que la sociedad. Hoy es un buen día para decir que “nunca mais”; para recordar a todos los que, de una forma u otra, fueron parte de esa marea blanca; para devolver la sonrisa a todos los que han vivido el chapapote no sólo una semana o un mes, sino día tras día desde hace 10 años. 



martes, 16 de octubre de 2012

Por favor, paren el mundo que yo me bajo*

A veces, la vida va tan deprisa que uno no tiene tiempo de pararse en el camino para situarse en el mundo. Una de las mejores cosas que me dio el Lago Baikal fue tiempo para pensar y situarme lejos de Internet, teléfonos móviles, televisión, periódicos...

 Todos mis entretenimientos para los ratos de descanso en el Lago Baikal

Todas las tardes, tras pasar la mañana trabajando en el camino, me sentaba sobre las piedras del suelo, a orillas del lago. Allí, sin otro ruido que las olas y, algún que otro mosquito acechando a mis venas, reflexioné sobre la vida como científico.

A la orilla del Lago Baikal. Excelente lugar para pensar.

Los que estamos metidos en este mundillo, siempre nos preguntamos lo mismo: ¿por qué sigo aquí? La vida de un post-doc español, por norma general, se planifica de dos años en dos años. Tus planes de vida tienen fecha de caducidad y, cada dos o, si eres afortunado, tres años, se renuevan.
Lo más duro siempre es dejar atrás a los amigos que, en el extranjero, son como tu familia. Por suerte siempre te llevas lo mejor de cada uno y, además, algunos se instalan para siempre en tu vida. Pero, a pesar de todo, siempre haces las maletas mirando a ese lugar que tanto añoras, pensando que, algún día, harás la maleta para volver allí donde hay algo de ti que, te niegas a llevarte contigo porque te resistes a decir adiós a ese pueblo donde creciste, a esa ciudad en la que tantos buenos ratos pasaste... Esa ciudad o pueblo a la que, cada post-doc pone nombre propio: Sevilla, Nerva, Toledo, Madrid, Ciudad Real, Vigo, Santiago, Irún, Zaragoza, Guijuelo, Salamanca, Monterrubio de Armuña, Valencia...

Uno de mis rinconcitos de España (Monterrubio de Armuña-Salamanca)

Muchos podrían decir que, si tanto añoramos nuestro rinconcito de España, ¿por qué nos marchamos? Pues bien, la Ciencia es como una carrera de fondo. Una carrera que se desarrolla por los caminos de una montaña. Hay momentos difíciles pero que, sabes que una vez superados, el camino se pondrá de tu parte. Hay otros momentos en los que, encuentras tantas obstáculos que, pareces no avanzar. A veces, te tropiezas. Otras veces, tienes la suerte de ver cosas fantásticas al alcance de muy pocos. Pasas por momentos de querer dejarlo todo pero, siempre, en el último instante, aparece algo que hace que merezca la pena seguir. Y todo esto, por un simple objetivo: alcanzar la meta. Y, una vez que llegas, tu mayor ilusión es regresar a casa y poder compartir la experiencia con los tuyos. 

 Sendero del Parque Nacional del Prebaikal. 
Merece la pena subir las cuestas sólo por ver la inmensidad del Lago Baikal a tus pies.

 Amanecer a orillas del Lago Baikal. Un privilegio para quién puede verlo.

Vistas del Lago Baikal desde el sendero del Parque Nacional del Prebaikal. 

Sin embargo, igual que España se convirtió en el país del ladrillo, la Ciencia en España es una carrera de fondo por un circuito de asfalto lleno de obstáculos: semáforos en rojo que te prohíben pasar; muros que te obligan a retroceder; cruces mal señalizados que te hacen perderte; baldosas mal fijadas con las que tropiezas y caes en medio de una multitud que, o gira la cara para otro lado o, se ríe de tu situación. 

Fotografía tomada en Mumbai (India). 
Si mi viaje al Lago Baikal fue un regalo, mi viaje a la India estuvo lleno de situaciones que me llevaron al límite. 

Ahora mismo, lejos de mi gran viaje al Lago Baikal, me pregunto para qué seguir. Supongo que, a pesar de todo, uno siempre piensa que puede encontrar una flor creciendo en mitad del asfalto y, eso es lo que mantiene esa ilusión de seguir para (si uno llega a meta antes de que, alguien sentado en un cómodo sillón en una oficina, dé por concluida la carrera) poder llegar a casa y decir que has visto una flor dando vida al asfalto. Y, si no llegas, volver sabiendo que lo has intentado, que lo diste todo a pesar de que alguien decidió, bajo su propio criterio que, tu esfuerzo no merecía ver la meta.

Desde Julio se lleva anunciando una publicación "inminente" de las convocatorias Juan de la Cierva, Ramón y Cajal y, Torres Quevedo, probablemente, la última esperanza para muchos de poder compartir la experiencia de formarnos en el extranjero y utilizarla para el avance de la Ciencia y, en general de la sociedad española. En mitad del mes de Octubre, la publicación sigue aún siendo "inminente". Hace unos días se publicó la suspensión de los contratos post-doctorales para salir al extranjero, al primera ayuda en el camino, para los que la hubiesen podido conseguir, de formarse en otros laboratorios fuera de España. Hoy se hace público un comunicado que, anuncia la suspensión de las becas predoctorales JAE del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, la mayor institución pública de investigación de nuestro país). Con esto, directamente, algunas personas ni siquiera podrán optar a participar en esta carrera para ser Científico. 

Necesitaría volver al Lago Baikal para poder reflexionar sobre porqué queremos volver a un país donde los políticos nos gritan y nos escriben con letras gigantes que no nos quieren; que no les servimos para ganar votos; que no servimos para crear otro boom inmobiliario; que sólo servimos para crear conocimiento a corto plazo y, eso no les interesa; que el beneficio económico sólo lo damos a largo plazo, siempre más tarde de los 4 años que dura una legislatura. 

En el Lago Baikal aprendí que hay momentos en los que hay que pararse a mirar alrededor, observar, pensar. Hoy, he sentido la necesidad de pararme. 

* Cita de Groucho Marx

domingo, 14 de octubre de 2012

Viaje al Lago Baikal (III): toma de contacto, entonces, ¿repetimos?

Como en cualquier trabajo, antes de empezar, hay que saber qué es lo que hay que hacer. La que sería la primera jornada de trabajo para mejorar el camino, la hemos dedicado a revisar las condiciones de éste. 
El camino en el que íbamos a trabajar era el mismo por el que había llegado yo la noche anterior. Cuando Marta y yo nos enteramos, nos surgió la primera cuestión: ¿qué había que mejorar en un camino que estaba en perfectas condiciones?
A mitad de camino, cuando la brigadier* nos iba a explicar qué había que hacer en el camino, la primera división de opiniones fue evidente en el grupo. De un lado estábamos los procedentes de centro-oeste de Europa y el australiano. Por otro, las originarias de Rusia. Nosotros veíamos el camino en perfectas condiciones. Además, pensábamos que, ensancharlo más, como inicialmente propuso la brigadier favorecería la llegada masiva de turistas que, realmente no tienen ningún amor ni respeto por la naturaleza. La sección eslava del grupo, sin embargo, tenía otro concepto de las cosas. Un camino más perfecto, favorecería que todo el mundo pasase por él y, no se creasen caminos alternativos así, los desperfectos al medio estarían sólo concentrados en una zona. 
Yo ya conocía el camino así que, volver a ver toda la basura que deja tirada la gente que va a acampar al Lago Baikal no me sorprendió. En el caso de mis compañeros, no sólo les llamó la atención que, una zona colindante a un área protegida, pareciese un estercolero sino que, estaban asombrados (de manera negativa) por la facilidad que había en la zona para el acceso a vehículos ya que, esto favorece la acampada de gente sin ningún tipo de conciencia ecológica.


Al llegar al pueblo, algunos han comprado vodka. Hemos comprado también comida para el grupo y, nos hemos vuelto al campamento. 


Tras la comida, Marta y yo hemos ido a por unos troncos secos de árboles caídos. Las otras chicas se han ido a bañar y, los chicos se han quedado cortando la leña que Marta y yo traíamos. En uno de nuestros paseos en busca de troncos caídos, los chicos han aprovechado para "refrescarse" con un poco de vodka. El caso es que, al regresar de nuestro último paseo en busca de leña, alguno de los integrantes del grupo estaba más que contento y, como en cualquier situación de este tipo, las risas del principio y, los vómitos del final fueron los que marcaron esta segunda noche del grupo en el Lago Baikal.



* Brigadier: general de brigada.