viernes, 30 de agosto de 2013

Un ratito más por la India: BOMBAI

Tras esos percances que ya conté en mi anterior "post" seguimos por un poco más por la India. 
No voy a negar que, después de mi primera semana, pensé en anular el resto del viaje y volverme a Francia. Pero, al final, una es como es y, prefiere acabar lo que ha empezado. 
Primer destino después de Hyderabad: Bombai (también conocida como Mumbai). 
Si tuviese que describir a esta ciudad brevemente, la definiría como la ciudad de la división ricos/pobres. Seguramente, en el mundo habrá más ciudades como esta pero, yo aún no he visto ninguna. Y es que, Bombai está dividida en dos zonas: la zona Norte, en donde las casas son chabolas, la gente vive en condiciones extremas de pobreza y, por supuesto, esta gente no llega a tener contacto con la zona Sur. Zona, esta última, de rascacielos, gente con mayor poder adquisitivo, al fin y al cabo, estaríamos en el Hollywood de la India. Sí, Bombai es la cuna del famoso Bollywood. 
Como turista es difícil tener contacto con la gente de la zona Norte. Todos los hoteles y, obviamente, los sitios turísticos se acumulan en la zona Sur. Pero, tampoco los propios habitantes de la zona Sur consideran adecuado mezclarse con la gente de la zona Norte. Cuando vas desde el aeropuerto hasta la zona Sur, no se atraviesa nunca por la zona Norte y, todo lo que es visible para un turista es lo que queda expuesto en el camino, por una carretera de 3-4 carriles en cada sentido (similar a una autovía española).

A pesar de estar en la zona Sur de la ciudad, conseguí encontrar este rincón que muestra las condiciones de vida de la población sin recursos económicos de la ciudad.
La zona Sur tiene un marcado estilo británico. No hay que olvidar que la India fue colonia británica. De hecho, en esta ciudad encontramos la "Puerta de la India".

La Puerta de la India.
Monumento realizado por el arquitecto George Wittet para celebrar la visita del rey George V y su esposa. Las obras comenzaron en el 1911 y la obra finalizó en el año 1924.

Y, aquí os dejo unas fotos de los distintos rincones de Bombai. Sin duda, esto no parece la India o, al menos, no la India del interior que conocí en Hyderabad.













Y, si uno pasea por Bombai, no hay que olvidar que hay playa. La zona de las playas se conoce por ser la zona donde vive la gente de la industria Bollywood. Si bien, les sigue llamando la atención ver a una europea, una siente que pasa más desapercibida. De hecho, no es extraño pasear por la zona del "paseo marítimo" y encontrarse chicas corriendo con pantalones cortos o mallas ajustadas sin que ello suponga un escándalo.








Pero, que nadie se asuste si tiene pensado viajar a Bombai. Allí, uno también se va a encontrar con imágenes características que te recuerdan que estás en la India.








martes, 21 de mayo de 2013

La India, un místico desencanto. Parte I. HYDERABAD.

Aún recuerdo cuando me dijeron que iría a un congreso en la India. En realidad, nunca fue uno de los países situados en mi lista de países a visitar pero, esta era una oportunidad que no podía dejar escapar, entre otras cosas porque tenía que dar una charla en el famoso congreso.
Como nunca fue un sitio al que planease ir, tampoco fue uno de esos sitios por los que me interesé en saber la opinión de la gente que había ido. La mayoría hablaba maravillas de Nueva Delhi y del Taj Mahal, el resto de lugares parecían no existir.
Bueno, si la gente hablaba bien de estos sitios no debía de estar tan mal. No sólo hablaban maravillas de estos sitios sino que, además, nadie había tenido ningún problema para moverse por allí (más tarde comprobé que todo era debido a que estas personas hicieron su viaje a la India con un guía).

Primer destino: Hyderabad (ciudad situada en la mitad sur de la India y, como se puede comprobar si se mira un mapa, en medio de nada).
El congreso era allí e iba a durar una semana. Durante esta semana de congreso había programadas distintas excursiones para conocer la ciudad así que, no parecía que fuese a ser una mala semana.

El contraste cuando vienes de Europa al llegar a un país como la India es bastante fuerte. Hyderabad, aunque poca gente la conozca es una gran urbe con muchísimo tráfico y, por lo tanto muy ruidosa (una de las características en la India es conducir haciendo sonar el claxon constantemente).
Al llegar a Hyderabad me empecé a dar cuenta que, La India y yo no nos íbamos a llevar muy bien.

1. Wellcome to Hyderabad.
La ciudad nos recibió con manifestaciones violentas. Así que, cerraron la entrada al hotel y, lo único que iba a ser posible ver ese día era lo que sucedía en la calle.

Antidisturbios en la puerta del hotel. Rato más tarde de tomar esta foto, comenzó una pequeña trifulca entre policía y manifestantes. 

El congreso se celebraría en otro hotel distinto a donde yo me alojaba. Esa misma noche, mi jefe me invitó a cenar con él y otros científicos en el mismo hotel en donde se celebraría el congreso. La única forma de salir era mediante taxi así que, intenté pedir uno. En el hotel había un señor que se encargaba exclusivamente de eso así que, me acerqué a él. Muy amablemente me invitó a sentarme. Bueno, quizás no fue tan amablemente. A los pocos segundos me di cuenta de que me había hecho sentar para poder atender a toda la fila de hombres que, inicialmente, estaban detrás de mi pero que, aparentemente tenían prioridad a una mujer a la hora de solicitar un taxi. Cada vez que intentaba parar este continuo reguero de hombres colándose para pedir un taxi, el señor encargado me mandaba callarme y sentarme. Bueno, ya podía imaginarme lo que era ser mujer en este país.
Cuando conseguí pedir mi taxi, llegó mi segundo problema, siempre debido a lo mismo, ¡era mujer!. El taxista se negó a llevarme: "era peligroso llevar a una mujer y, encima europea". 

2. El segundo día, antes del comienzo del congreso, decidí ir andando hasta el hotel donde estaba mi jefe para encontrarme allí con él y otros científicos. 
Hyderabad tiene un lago gigante, llamado Hussain Sagar, con un Buda en la mitad que, cuando lo miras de lejos es realmente impresionante.

Vista del Buda gigante situado en el Hussain Sagar

No obstante, la India es un país de contrastes, como he dicho antes. Y, ciertamente, es un gran contraste encontrarte saliendo de un hotel de 5 estrellas (como en el que se celebro el congreso), con todo tipo de lujos y, nada más salir ver a la gente tirada en la calle, durmiendo en la basura, muriéndose se hambre. 

Imágenes como estas las encontré en el paseo que los organizadores del congreso nos recomendaron seguir si nos moviamos por los alrededores. Otras zonas no eran "recomendables" para los turistas porque "hay mucha gente pobre y no son buenos para los turistas". ¡Impresionante justificación!

Pelea por una rata muerta
Como siempre, gana el más fuerte
Este pequeño rebaño de cabrás estaban pastando justo en una zona de casas de laminas de hierro y madera al lado del hotel donde se celebró el congreso
Esta era la zona de alimentación para las cabras
Esto era lo que se veía cuando te acercabas a la orilla del Hussain Sagar también llamado Love Lake of the World
En realidad, a estas alturas (dos días después de haber llegado) ya sabía que la India no era un país para mi. No obstante esto no dejaba de ser una ciudad en la mitad de la India así que, en el fondo tenía la esperanza de que en mi siguiente semana recorriendo otros rincones del país mi percepción cambiase.

La verdad es que, no guardo muy buen recuerdo de la ciudad de Hyderabad. Ni siquiera la organización del congreso se ganó mis alabanzas. Y, es que, el tema de lo de ser mujer se iba haciendo más duro por momentos. Cuando preguntabas algo, nunca te respondían directamente, siempre respondían al hombre que estuviese a tu lado, si es que lo había, sino... quizás ni te respondían. Durante el congreso y, en la misma sala de conferencias, me robaron mi cámara (justamente con la tarjeta en la que había sacado las fotos de los monumentos de la ciudad, dejando, muy amablemente, todas las fotos anteriores de las ratas y otras lindezas para que, pudiese enseñar los "encantos" de la ciudad). Al principio, mi educación al estilo europeo, no me dejó entender cómo podían robar en un hotel de 5 estrellas de 120 euros/noche y, que no me hubiesen robado en la calle. Luego entiendes que, la gente que trabaja en estos hoteles, ganan si acaso, lo suficiente para vivir y para estar agradecido al dueño de la cadena hotelera el placer de que les exploten. Así que, nunca viene mal algún objeto fácil de robar a algún cliente del hotel para sacar un extra vendiendo lo que han robado y, acceder a estos objetos en la calle no es tan fácil, en un hotel de 5 estrellas el turista se relaja.

Al final, todo queda en anécdota pero, mi estancia en Hyderabad fue realmente dura. Es una experiencia que es difícil de contar, es complicado reproducir con palabras lo que uno siente cuando no puede moverse "libremente" por ser mujer; es difícil contar lo que piensas cuando intentan que contrates un guía para que no salgas a la calle solo y así controlar que no veas algunas realidades sociales "permitidas" en países como la India.

Algunas anécdotas fueron hasta "graciosas". Estaba yo sentada en la recepción del hotel (única zona con acceso a internet) cuando sentí un golpe en mi pie. Al mirar, vi una rata (tamaño chiguagua pero que se notaba que no pasaba hambre) que estaba cruzando la zona de la recepción. Nadie se movió, nadie dijo nada, es algo normal convivir con estos animales en un país como la India. Tampoco es raro compartir tu espacio con las cucarachas (aunque esta vez se había metido en mi bolsa de baño así que, la experiencia no fue tan "curiosa" como la de la rata).
Las ratas forman parte de la fauna más abundante de las ciudades  indias

Como he dicho antes, la India nunca fue un país que me resultase atractivo así que, quizás yo no sea la mejor voz para animar a nadie a que vaya. De todos modos, para ser justos además de toda mi percepción de aquel país y, más concretamente de Hyderabad, aquí os dejo algunas fotos que se salvaron de ser robadas.









lunes, 17 de diciembre de 2012

Camino de las Navidades a ritmos caribeños

Parece que se acercan las Navidades. Yo nunca he sido amante de estas fiestas pero, desde que hace más de 7 años, hice la maleta para irme de mi ciudad a recorrer el mundo buscando descubrir los misterios de la Ciencia, a partir de mediados de Diciembre empiezo a sentirme como un niño esperando sus vacaciones y, a los Reyes Magos, a Papá Noël o al Olentzero, según las preferencias de cada uno. Sigo sin ser muy amante de las Navidades pero, no dejan de ser dos semanas de vuelta a casa. Reencuentro con la familia, con los amigos... vuelta a ese pueblo, tres veces más pequeño que la Ciudad Universitaire de París en donde vivo. 
Es en esta época cuando te da por pensar y recordar. Y, el otro día, quizás añorando un rayito de sol entre las nubes grises de París, recordé mi primer viaje al "extranjero" (es decir, fuera de Francia) de mi post-doc, del 2 al 12 de Diciembre del 2011.  

Todo comenzó el día que mi amigo a la vez que compañero de post-doc Fede vino a hablarme sobre un congreso en un sitio llamado Aruba. Me podía haber dicho Aruba o cualquier otro nombre porque, de inicio no lo ubiqué en el mapa hasta que nombró la palabra Caribe. Aruba es una isla de las Antillas Holandesas situada a 25 km de la Península de Parguaná (Venezuela). Hasta entonces, yo nunca me había sentido muy atraída por ninguna isla del Caribe o, al menos, no para irme de vacaciones a uno de esos complejos hoteleros con todo tipo de lujos y distracciones pero, esta vez, la Ciencia me iba a dar la oportunidad de probar algo desconocido para mi.


Decidimos hacer un viaje de dos semanas. Una semana de congreso y, una semana para conocer la isla. Obviamente, la semana del congreso nos alojaríamos en el mega-hotelazo donde se organizaba el congreso, situado, obviamente, en la parte más "turística" de la isla. La situación a nuestra llegada fue, cuando menos, curiosa. Fuimos Fede, Gus, Rober y yo al congreso y, si algo era evidente es que, teníamos poca experiencia en alojarnos en sitios de estos. Las maletas las dejabas en la recepción y cuando llegabas a tu habitación, allí estaban. Ibas a la piscina y, un señor te venía a dar una toalla. Tenías sed o hambre y, podías beber y comer sin restricción alguna... De hecho, para no sentirnos culpables de disfrutar bien los desayunos, las comidas, las cenas, los "coffe-break" del congreso, etc, todas las mañanas antes de desayunar íbamos al gimnasio del hotel. El caso es que, con tanto lujo, siempre había un momento de duda en el que nos mirábamos entre nosotros y, nos preguntábamos: "¿estamos seguros de que todo esto es gratis?"






Obviamente, no todo fue una vida de lujo. Tuvimos que aguantar las charlas del congreso y, fue mérito teniendo en cuenta lo que nos rodeaba y, sobre todo que, una vez más, las plantas fueron las grandes olvidadas en este congreso de "Chromatin: Structure and Function". Y, por otro lado, tampoco puedo mostraros fotos porque, para la protección de datos científicos, estaba prohibido hacer fotos dentro de las salas donde se celebraba el congreso. 
La cena de gala del congreso fue en la  playa. Porque, por supuesto, el hotel tenía entrada directa a la playa. 





Pero, el congreso acabó y, nosotros nos fuimos a la parte de la isla donde más a gusto nos sentíamos. A la parte más caribeña. Mucho más salvaje, sin grandes lujos y, a 15 minutos andando y cruzando carreteras sin semáforos para poder llegar a la playa. 





Nos alojamos en unos apartamentos en donde todo el turismo que había era de zonas próximas. Comprábamos en un supermercado como los de barrio de toda la vida en España. En el recinto de los apartamentos, había una gatita, que bautizamos con el nombre de Garfelina. Era una gata linda, acostumbrada a tener contacto humano, salvo con Rober con quién no estableció ningún tipo de amistad (aunque creo que el sentimiento era recíproco). Pensábamos que, a pesar de todo era una gata callejera y, estuvimos dándole comida y leche todos los días. Pero, resulto que no era una gata callejera sino, una gata aprovechada. Había sido adoptada por la familia que gestionaba los apartamentos y, como a todo el mundo le gustaba la gata, todo el mundo le daba de comer (además de la comida que sus dueños le proporcionaban). 




También vivimos un episodio de tormenta caribeña y, comprobamos que, existe la lluvia de ranas.



La sección española de la expedición además confirmó que a pesar de los kilómetros, nuestro carácter es similar al centro-sudamericano. Lo comprobamos el día en que unas madres habían ido a pasar unos días de descanso con sus hijos al mismo recinto de apartamentos que nosotros. Además de mosquitos que, parecían adorar la sangre española, había lagartos por todas partes. Un día, estábamos en la piscina y, los niños empezaron a acorralar a un pobre lagarto. El lagarto intentó escapar de los niños psicópatas, con tan mala suerte que, intentó pasar por uno de los agujeros de la verja por el cual no cabía y, se quedó atascado. Nadie pareció estar muy preocupados pero, algunos, somos biólogos por vocación así que, allí estuvimos utilizando nuestro ingenio para intentar liberar al lagarto sin ser atacados por él. Finalmente, todo quedó en un susto y, el lagarto pudo huir a un sitio sin niños psicópatas, nosotros no sufrimos las consecuencias de intentar salvar un lagarto cabreado y, por supuesto, los niños no recibieron ningún tipo de reprimenda ni castigo por parte de sus madres. 


Si bien, Aruba no es una isla muy grande, tiene zonas salvajes que, merece la pena visitar. Eso sí, cualquier idilio puede venirse abajo. Y, eso fue lo que nos pasó a nosotros cuando fuimos a la otra punta de la isla para llegar hasta una de las playas más bonitas que nos dijeron que había. La playa era impresionante, con un agua totalmente cristalina, colores turquesas, etc, etc pero, dependiendo de la dirección en qué mirases, las maravillosas vistas se veían interrumpidas por una petrolera estadounidense. Aún así, mereció la pena. 






Y, os preguntaréis que qué idioma hablan en Aruba. Pues, si bien tienen su propia lengua, todo el mundo habla español. En mi caso, pude practicar ruso porque, cuando estábamos en esta playa tan idílica con su petrolera de fondo, un ruso se nos acercó y nos empezó a habar en ruso, como si fuese lo más normal del mundo que le fuésemos a entender. Menos mal que mi amiga Marta, me ha preparado bien para defenderme en dicha lengua eslava, la pena es que, siempre que me surge la ocasión, ella nunca está para sentirse orgullosa de mi. Pero, esto es como nuestra asistencia a las conferencias del congreso en Aruba, la único que se puede hacer es, confiar en mi palabra.




Sin duda y, a falta de unos meses para que acabe mi etapa de post-doc Marie Curie, creo que, este será casi seguro "EL CONGRESO". Por el viaje, por la semana después del congreso y, sobre todo, por la compañía. No todo el mundo puede decir que se fue dos semanas al Caribe acompañada de tres mozos muy guapos y simpáticos o, como me han enseñado Fede y Gus a decir, con dos POTROS RE-COPADOS (dicho con acento argentino, claro).